"Nos quedamos en la calle"
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"Nos quedamos en la calle"

dijous, 30 de juny de 2022

Cuando Calixto Nevado y Francisca Guerra se casaron, se fueron a vivir a la finca La Alberquilla, situada a la altura del cruce de Sierra de Fuentes, donde Calixto trabajaba como guarda. Era La Alberquilla una finca con muchos empleados propiedad de Fernando Valhondo Calaff, un hombre soltero e inmensamente rico, que nació en Cáceres en 1865 y falleció en Madrid en el año 37. La Alberquilla es una propiedad de 380 hectáreas donde no faltaba el ganado trashumante que traía de Castilla un señor llamado Fernando Gómez. Disponían las tierras de una casa con su cocina de leña, su zaguán y sus dormitorios, en la que residían Calixto y Francisca, que fueron padres de cuatro hijos: Antonio, Domingo, María de los Ángeles y Maribel.

Pitadas y forcejeos en el pleno municipal durante la protesta de los ganaderos de la Fundación Valhondo de Cáceres

Los dos hijos varones del matrimonio pasaron parte de su infancia en La Alberquilla. Acudían a una pequeña escuela que había en la Lagartera, otra finca situada a cuatro kilómetros, a la que los pequeños Antonio y Domingo llegaban andando y a veces a lomos de una burrita. Allí daba clase una prima hermana de la familia, Petra Carralero, que fue la encargada de enseñarles las primeras lecciones.

Pero el empeño de Calixto y de Francisca era garantizar a sus hijos las condiciones necesarias para asegurarles un futuro mejor, y así fue como Domingo, con 6 años, y Antonio, con un año y pico menos, llegaron a Cáceres, a casa de unos compadres llamados Marcelo y Juana que vivían en el número 8 de la calle San Felipe, donde estaba la zona de Reclutamiento y Movilización (el actual párking de Galarza).

Domingo Nevado, uno de los hijos de Calixto, que fue director de Caja Duero y concejal, conoció a Mari Carmen Lagarejos en un baile del Club Hermandad del Trabajo, que estaba en el edificio Coliseum, donde luego estuvo la Cadena Cope. Era un club del que se ocupaba el sacerdote don Felipe Fernández Peña. A él acudían muchos jóvenes de la ciudad y no faltaba el picú para los bailes. En uno de esos bailes sacó Domingo a Mari Carmen. Le dijo que la quería, y ella contestó: "Te tomo la palabra". Los casó don Felipe en Fátima, lo celebraron en el Álvarez de la carretera de Salamanca, se fueron de luna de miel a Canarias y fueron padres de dos hijos: Alberto y David.

Ha sido precisamente David quien hoy se ha convertido en uno de los protagonistas involuntarios del pleno del ayuntamiento, sesión a la que ha acudido junto a otras 23 familias que, si nadie lo remedia, tendrán que salir de las fincas que la Fundación Valhondo les tiene arrendadas.

David Nevado en la finca. EL PERIÓDICO

Los manifestantes llegaron al salón de plenos con camisetas en las que podía leerse ‘Salaya traidor’ y fueron disueltos por la Policía Local. En la protesta estaba presente el presidente de Asaja, Ángel García Campos, que mostró los moratones sufridos tras el forcejeo con los agentes. El alcalde defendió luego la actuación de la policía y dijo que en ningún momento habían empleado la fuerza.

García Campos recordó que la Fundación Valhondo tiene un capital inmobiliario «inmenso» en Cáceres y en la provincia, del que destacan más de 6.000 hectáreas rústicas. «Han tomado la decisión de expulsar de sus fincas a 24 agricultores y ganaderos, y no sabemos con qué intención». Y ha concluido apuntando que el proceso de expulsión concluirá en 2025. «Es increíble -ha sentenciado- cómo van a poner en la calle a 24 familias».

David Nevado explicó que este año se sacarán a subasta La Alberquilla y Casa Solilla, pero que según vayan venciendo los plazos irán las siguientes. «Después de toda una vida pagando religiosamente, no nos parece justo, porque siempre hemos negociado». Nevado ha subrayado que la fundación dispone de numerosas fincas y que las familias están distribuidas por todas ellas y las llevan en arriendo con ganado.

El arrendatario remarcó que es la fundación la que las sacará a subasta, una institución presidida por el subdelegado del gobierno, José Antonio García Muñoz, y que tiene como patronos al ayuntamiento y la diputación. «Si se sacan a subasta, pedirán una barbaridad y nos quedaremos sin empleo, nos veremos obligados a malvender el ganado y todos a la calle», lamenta Nevado.

Desde hace semanas los afectados han mantenido reuniones con la fundación, pero según Nevado, «en un mes se ha hecho todo». Por esta razón, los ganaderos han decidido iniciar las protestas. «Llevamos desde los años 50 trabajando, con don Fernando Valhondo, antes de que se creara la fundación. Nuestros abuelos ya estaban allí y nosotros hemos seguido su estela».

Los primeros afectados serán tres familias. La de David, que explota La Alberquilla, y la de otros dos ganaderos, que gestionan Casa Solilla (en la carretera de Trujillo, a la altura de Santa Marta de Magasca). El caso de David da idea de la incertidumbre de estos ganaderos. La Alberquilla es una explotación situada en el kilómetro 9,600 de la carretera de Miajadas (también se puede entrar por el camino de la Quesería El Castúo). Recordaba con impotencia que allí, como guarda, comenzó a trabajar su abuelo, Calixto, y allí nació su padre.

Cuando David contaba con 18 años le compró a su abuelo el ganado y comenzó a explotar las tierras. En ellas tiene 800 ovejas, 75 vacas, durante años disponía de una explotación porcina, y en ella (tras arreglar el cortijo) vive junto a su mujer y su pequeña de 8 meses. Si a David le quitan la finca le quitan el pan de su familia.

Las fincas saldrán a subasta este viernes. En principio el precio de salida es de 30.000 euros a la mínima y de 40.000 (la máxima). Pero David se enfrenta a la posibilidad de que terratenientes con mucho dinero hagan una oferta mayor y se quede sin aquello por lo que tanto tiempo lleva luchando (ahora tiene 40 años). En la actualidad, David paga a la Fundación Valhondo una cantidad anual de 27.000 euros en concepto de arrendamiento, en pagos trimestrales, un precio justo puesto que unas 200 hectáreas no son buenas en pasto, además de las inversiones de mejora que él y su familia han realizado y que superan con tranquilidad los 150.000 euros. Además, está casi sin agua y todos los años, si no llueve, se ve obligado a llevar cisternas de agua. El trabajo es duro, pero si ahora hay un mejor postor, ¿qué hace?. El subdelegado del Gobierno no ha querido hacer declaraciones.

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